Pedro Lozano Branger suele avisar de sus carreras “con algo de retraso”, como él mismo reconoce con humor. Esta vez, además, lo hacía casi pidiendo disculpas por aparecer demasiado en el blog: “lo mismo la gente se satura de verme tan acaparador”, escribía entre bromas. Pero hay algo que conviene recordar: cuando alguien se pone un dorsal por una causa solidaria, nunca sobra.
El fin de semana del 13 y 14 de junio dejó una doble presencia de Kilómetros por Sonrisas con Pedro Lozano y Rocío Jorge como protagonistas. Primero, en la montaña, con el XXIV Cross Alpino del Telégrafo, en Cercedilla. Después, en Madrid, con el XXXVII Trofeo San Antonio de la Florida, donde Pedro participó en la distancia de 10K.
Dos escenarios muy distintos, dos formas de correr y una misma idea de fondo como es seguir dando visibilidad a la iniciativa solidaria de EuroTaller y la Fundación Theodora en apoyo a los Doctores Sonrisa.
Rocío Jorge, podio en una prueba que no perdona
El sábado 13 de junio, Pedro y Rocío participaron en el XXIV Cross Alpino del Telégrafo, una de esas carreras que no necesitan demasiada presentación entre quienes conocen la montaña madrileña. Salida en Cercedilla, recorrido de subida, bajada, senderos, calor, esfuerzo y un desnivel acumulado que obliga a tomarse la prueba muy en serio desde el primer metro.
La carrera, con una distancia aproximada de 19 kilómetros y un trazado que pasa por enclaves como Camino de las Retuertas, Pradera de Navarrulaque, Siete Picos, Puerto de Navacerrada, Camino Whistler y regreso a Cercedilla, volvió a demostrar por qué el Telégrafo tiene fama de prueba exigente. No es solo correr. Pedro lo resumía de forma muy clara en su mensaje: “doy fe de que es muy exigente”. Y no lo decía desde la teoría, sino desde dentro.
La gran noticia de la jornada llegó con Rocío Jorge Arellano, que terminó segunda en su categoría de Veteranas B con un tiempo de 02:45:10, una actuación para celebrar y que Pedro no dejó pasar, destacando en su correo el trofeo de Rocío con un espontáneo “ole mi campeona”.
Del Telégrafo a San Antonio de la Florida
El domingo 14 de junio, Pedro volvió a ponerse en marcha. Esta vez cambió la montaña por Madrid para participar en el XXXVII Trofeo San Antonio de la Florida, una prueba celebrada en el distrito de Moncloa-Aravaca, con salida en el Paseo de Camoens.
La carrera proponía un recorrido circular de 3.300 metros al que los participantes podían dar una, dos o tres vueltas, con paso por puntos tan reconocibles como el entorno de la Ermita de San Antonio de la Florida, el Parque de la Bombilla o diferentes monumentos del recorrido. Pedro participó en la distancia de 10K y completó así otra prueba más dentro de su particular calendario solidario.

Después de un sábado de desnivel, senderos y piernas cargadas, el domingo tocaba asfalto, ritmo urbano y una nueva oportunidad para mantener viva la presencia de Kilómetros por Sonrisas. No todos los fines de semana tienen doblete. Y menos aun cuando el primero pasa por una carrera alpina tan exigente.
Cuando el dorsal sirve para algo más
Más allá de los kilómetros, lo más valioso del mensaje de Pedro fue el reconocimiento al trabajo que hay detrás de esta iniciativa. “Muchas gracias por el trabajo que hacéis para dar visibilidad a la causa”, escribía. Y añadía que tanto Rocío como él valoran el cariño y el entusiasmo con el que se cuentan las carreras de todos los participantes.
No se trata únicamente de publicar resultados, fotos o clasificaciones. Se trata de convertir cada participación en una pequeña historia que ayude a recordar para qué se corre: para apoyar la labor de los Doctores Sonrisa, que acompañan a niños hospitalizados y a sus familias.
El fin de semana de Pedro Lozano y Rocío Jorge deja montaña, podio, doble participación y mucho sentido del humor. Pero deja también algo más importante como es la certeza de que cada persona que viste la camiseta de Kilómetros por Sonrisas contribuye a que esta causa llegue un poco más lejos.
Por eso, aunque Pedro bromee con que aparece demasiado, aquí va una respuesta sencilla: mientras haya kilómetros, habrá historias que contar. Y si esos kilómetros ayudan a regalar sonrisas, merece la pena contarlas.
¡Enhorabuena, Pedro y Rocío, por seguir llevando Kilómetros por Sonrisas a cada meta!
