No todas las carreras se viven igual. Hay pruebas urbanas que se corren mirando el reloj y hay otras, como los trails de pueblo, que también se recuerdan por el ambiente, por el paisaje y por esa sensación de que alrededor de la carrera pasa algo más. Eso fue lo que se respiró el pasado 25 de abril de 2026 en Valdeconcha (Guadalajara), donde se celebró la Valdeconcha Trail, incluida en el Circuito de Carreras de Montaña de la Diputación de Guadalajara.
En esa jornada estuvo Marisa, que completó la distancia larga de 16 kilómetros, la modalidad más exigente de la prueba, y convirtió ese esfuerzo en una nueva aportación para Kilómetros por Sonrisas. El reglamento fijaba para esa distancia un recorrido de 16 km y unos 600 metros de desnivel positivo, con salida y meta en la calle Chacota 29, junto al frontón del municipio, a las 11:00 horas.
Un pueblo pequeño, una carrera muy viva
La organización presentó la cita con la idea de hacer que la carrera fuera algo más que una prueba deportiva. Y eso se notaba en el planteamiento. Valdeconcha apostó por una jornada de monte, pueblo y convivencia, con tres modalidades distintas: una marcha senderista de 6,5 km, una carrera corta de 6,5 km y la carrera larga de 16 km, que además puntuaba para el circuito provincial.
El recorrido discurría en su mayor parte por caminos, sendas y terreno no asfaltado, entre parajes del entorno de Valdeconcha, con presencia de rocas, raíces y barro, es decir, un trazado de esos que obligan a correr atentos y a gestionar bien el esfuerzo. La propia organización explicaba que buena parte del encanto de la jornada estaba precisamente ahí, en mezclar deporte, naturaleza, hospitalidad y ganas de que quien fuera a correr se marchara con intención de volver.
Además, la prueba llegó con el cartel de inscripciones agotadas, una señal de que el evento sigue creciendo y de que el trail encuentra cada vez más hueco en calendarios muy distintos, también en los de quienes combinan carreras de asfalto con salidas al monte.
Un tipo de esfuerzo diferente
La organización establecía para la carrera larga un tiempo máximo de 3 horas, lo que da una idea del tipo de prueba que era y del nivel de exigencia que podía tener para buena parte de los participantes.
En el caso de Marisa, esos 16 kilómetros ya pasan a formar parte del contador de Kilómetros por Sonrisas, la iniciativa de la Red EuroTaller y la Fundación Theodora que transforma cada carrera en apoyo a la labor de los Doctores Sonrisa, que acompañan a niños hospitalizados y a sus familias.
Y quizá ahí esté una de las cosas más bonitas de esta participación, que un recorrido de montaña, en un pueblo pequeño y en una carrera cuidada con tanto cariño por su gente, termine conectando con una causa solidaria que sigue creciendo prueba tras prueba.
¡Enhorabuena, Marisa, por esos 16K en Valdeconcha y por seguir sumando Kilómetros por Sonrisas!
